Friday, November 04, 2005

Una historia de nunca acabar

El Congreso peruano acaba de aprobar por unanimidad la ley que cambia límite marítimo con Chile. Nuevamente nos vemos envueltos con nuestros vecinos del norte en rencillas menores que pese a eso hasta pueden significar serios conflictos a futuro.
Ahora, claro, la posibilidad de conflicto aumenta en la misma medida en que aumenta nuestra intolerancia y estupidez.
¿De quien es la culpa de todo este embrollo?
Muchos culparán los ánimos electorales o la desesperación de Toledo por su baja popularidad. Como sea, la ley fue aprobada por unanimidad.
Por lo tanto, el problema surge de más atrás, de guerras pasadas y de miradas siempre recelosas y donde el odio y la desconfianza son capaces de unir a diferentes personajes políticos, aunque suene contradictorio.
Y tampoco se trata de que la culpa sea de los chilenos, siempre tan dispuestos en mirar en menos a nuestros vecinos.
Entramos acá en la vieja historia de no escuchar o de escuchar solo que queremos oír. Y así no somos capaces de percibir que cada gesto nuestro provoca reacciones que muchas veces no somos capaces de comprender (la vieja ley de acción-reacción).
Y así nos vamos, Chile y Perú, mirándose unos a otros con recelo, temor y hasta odio, sin notar que en realidad se miran en un espejo.
Ha sido repetido ad infinitum, el hombre es el único que mata a sus semejantes, ya sea por rabia, odio, placer y amor. Cualquier sentimiento es válido a la hora de eliminar problemas.
“El Calvario era un estigma coterráneo, pero también una definición. Probablemente habíamos sido los únicos capaces de una villanía semejante ¡Clavar en un madero al hijo de Dios...! “ (De la Simetría Interplanetaria, cuento de Cortázar)
Ahora veremos declaraciones grandilocuentes, provocaciones injustificadas de uno u otro lado, frases para el bronce y frases estúpidas hasta que finalmente, veremos a alguien realizar un gran gesto y todo se solucionará.
Pero ¿seremos capaces realmente de solucionar el problema?
Es evidente que no.
Mientras sigamos discriminando, mientras sigamos viendo al otro como inferior, mientras eso de países hermanos no siga siendo apenas una frase vacía, no solucionaremos nada y seguiremos viendo, de tiempo en tiempo, este mismo tipo de conflictos.
Y así, a la larga, seguiremos siendo una isla.
Posteado por Javier Cabezas

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